17 jun. 2009

Otra vez, Icaro


Ya no me importa la poesía, ya no importa la vida, ya, ¿Qué más queda?
Como no ví venir la caída, Icaro vencido
me desmorone al abismo del abandono y el desengaño.


Ya no se más nada. Otra vez me derrotaron, otra vez me asesinaron.
Esta sangre que arde en mi pecho no es la mía, me engañaron, otra vez.
Es lo que es, nunca voy a volver a ver lo que quiero.


¿Cómo se calma esta hemorragia de vida?
Ya no pienso en las flores ni veo las estrellas, ya todo es lluvia...
Cada gota es una burla del destino, que yo creé, es ella en ese charco,
ella detrás de este vacío cada vez más húmedo, cada vez más negro,
que asfixia y quema.
Sangre que ahoga mi alma, que no es mía, que no es de nadie.


Esta es mi desgracia: soñar y creer.
Ver un Edén en las ciénagas. Los océanos no entran en una botella,
como me cuesta entender...


Tanto amar es un castigo, quien se aferra esta perdido.
Se convierte en un eterno naufrago de la melancolía.
Mi único amigo es al que los espejos desprecian,
y me sigue a todos lados. Sombra de la sombra soy.
Soy la otra orilla, condenado a ver lo que todos callan,
a sufrir lo que todos saben. A amar lo que destruye.
Soy la maldición del saber y la pasión de la locura.
Soy la razón entre todos y el silencio de quien yo amo.


Matias Humaran

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