29 mar. 2010

Amar el cambio


Me enamoré mil veces de tu mirada,

a veces de yunga y otras de cordillera.

Con humedad tropical o frío de nevada,

aturdido con todo lo que en ella leyera.



Amé el cristal y los destellos de tu alma

que huían de vos mientras cambiaban

tus ojos, como variaba también mi calma.

Y admiré cada matíz que tomaban.



Me perdí en tu boca, bendita mi suerte,

inundáme de gustos: a cítricos o a cereza

y tuvo también, dulce sabor a muerte.

Pero sólo de la felicidad queda la certeza.



Alternan los labios pero en mí queda grabado

el recuerdo con aroma de limones y azahar

o el sabor de frutas finas y orgullo helado.

Y el fuego se enciende cada vez más al besar.



Me deshice en tu cuerpo, siempre diferente,

con roces amargos y también de caramelo,

a veces apartado e incontables más urgentes.

Abrigado o simplemente cubierto de cielo.



Recorrí los muchos caminos de tu vientre,

con desenfreno o caricias de terciopelo.

Apreciando el tiempo que se nos dio entre

que empezó un amor y otro tomó vuelo.



Matías Humarán

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